
Ismael Sánchez trató desesperadamente de recordarse de como y cuando había llegado a este lugar. Aún cuando el paisaje tan aterrorizante que le rodeaba parecía tan irreal como el de una pesadilla, Ismael no pudo sacudirse de la cabeza la horrible sensación de que siempre había estado en ese sitio. El tiempo aparentaba estar estancado, o aún peor ausente, y la familiaridad del ambiente que ahora le rodeaba confirmaba su opinión de que siempre había estado dentro de esta halucinación medieval. El paisaje a su alrrededor sólo podía compararse con las imágenes del
Infierno de Dante en la
Divina Comedia, o del
Infierno de Bosch en el
Jardín de las delicias. Un techo cavernoso, rojo, y cubierto de ectalactitas se extendía de un horizonte al otro, reemplazando al cielo azul que una vez conoció. Un terreno amarillento apestoso a ...
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La cabeza de San Juan Bautista con ángeles y amorcillo en duelo, del pintor Jan Mostaert del siglo XV.
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El recuerdo más remoto que John Baptiste tenía sobre su vida era probablemente aquella noche en la cual despertó gritando, cuando tenía como cuatro años de edad. Su madre entró a su habitación y se apresuró a abrazarlo. Como lo encontró tan perturbado y temblando de miedo, lo cargó a su propia cama y dejó que durmiera entre ella y su papá. Sin embargo, aunque John hallaba algo de seguridad y consuelo en el sonido tenue de la respiración de sus padres, nunca pudo restablecer el sueño esa ... Continúa leyendo.