Ayahuasca

diosa

Hacía más de cuatro siglos que el cielo cósmico no registraba una conjunción astrológica como la de aquella madrugada del solsticio de invierno, puerta anual propicia a la resurrección de nuevas energías de esperanza destinadas a servir como fuerza germinal de la semilla de aquellos que tratan, año tras año, de renovarse con nuevos y elevados propósitos, disponer nuevas alas capaces de trasportarnos hacia horizontes plenos de grandes esperanzas, oportunidades y afectos renovados. Los astros habían conformado una posición donde las diosas del amor, Venus y Luna, iban a morir.
La apasionada Venus-Artemisa se ha convertido en el arco de guerra de Sagitario, muriendo atravesada con su flecha.

La hermosa luna, la hermana de pasión, eclipsa cuando es sujetada por la mano del guerrero Oríon-Horus, siendo herida de muerte por su espada, tornándose en moribunda luna roja, luna sangrante. Tras muchos años, las diosas del amor se han unido para morir unidas por la necesidad de su propia esencia. No hay violencia, no hay crimen. Es el propio amor quien necesita convertirse en poder bélico, enfundarse en su armadura, coger su escudo y blandir espada y lanza, transformándose en guerrero, única salida para borrar viejos patrones de conducta, derribar vetustos y caducos apegos, terminando aniquilando y extinguiendo afectos y amores imposibles o moribundos transformados en lastre o egrégor psíquico capaz de chupar todo el aliento vital de quien, incapaz de deshacerse de ellos, los padece en angustioso sufrimiento. El amor es infecundo y nocivo cuando no es correspondido o sólo puede compartirse en soledad. El amor no es afable cuando no va a más, cuando está en un callejón sin salida, enfangado y embarullado en dudas o altibajos profundos, transformándose en lastre de sí mismo y de quien lo arrastra. El amor en esas condiciones es cárcel, mazmorra y calabozo, convirtiéndose en poco tiempo en pútrida tumba y enmohecida catacumba.

El propio amor se reviste de muerte para acabar con marchitos, agónicos e imposibles florecimientos, amores condenados a la muerte y la extinción, al sufrimiento y la amargura. Es el amor quien mata al amor. Es el momento en el que la Luna como su máximo símbolo celeste, eclipsa, muere y desaparece tiñéndose con el manto rojo de su propia sangre.
Todo eso se desarrollaba mientras en el cielo terrenal, llovía sin cesar. Eran las lágrimas de tristeza derramadas por los ángeles de la candidez, quienes impotentes veían al mayor poder del Universo, suicidándose para poder renacer de sí mismo. Esas lágrimas se unieron con las gotas de sangre lunares conformando un néctar mágico destinado a nutrir el terreno, el alma y el corazón de quienes verdaderamente tienen la delicadeza de conmoverse por sucesos tan magnos, abonando y renaciendo su hermoso germen en los peregrinos del amor. Yo estuve ahí.

Pero este suceso vino precedido de otro terrible, fustigador y sublime.
Días antes me encontraba junto a los leños ardientes de una hoguera en medio de la floresta, desnudo ante una cabaña de ritualización iniciática. Hacía frío, estaba incómodo pero no llegaba a comprender lo maravilloso y liberador de todo lo que iba a experimentar ese largo fin de semana de diciembre. Cánticos acompañados del toque rítmico del tambor indicaban que el chamán se acercaba al lugar. Me saludó y se despojó de sus vestiduras, invitándome acto seguido a entrar al inipi, siguiéndome tras de mí. En el centro de la cabaña existía un agujero donde uno de sus ayudantes comenzó a depositar enormes guijarros puestos al rojo vivo en el fuego de afuera, sobre los que de manera ceremonial el chamán arrojaba un agua inmediatamente convertida en vapor. El frío de la noche pasó a convertirse en horno crematorio, tanto que mi propio aliente me quemaba.

CHAMAN

El chamán entre cantos, redobles de tambor y sueltas de agua, fue dirigiendo la iniciación de mi purificación. “Respira tranquilo, tratando de absorber el aire no por tu nariz sino por tu perineo, nota cómo sube por tu médula y recorre tu cuerpo entero. Ve expulsando todo aquello que te sobra. Desata los nudos de tu interior. Rompe bloqueos y desatranca puertas cerradas. Envía al centro de la madre tierra, la Pachamama, Gea, Gaia, todos los males que te azotan para que Ella los transforme en luz dorada de amor”
Así traté de hacerlo una y otra vez, pienso que era la única forma de soportar aquellas temperaturas tan altas, “qué agonía sufrirían los condenados en las hogueras o fallecieron abrasados en incendios” pensaba mientras las gotas de sudor salían casi a chorro por todos los poros de mi piel, un sudor que en vez de enfriarme me quemaba del mismo modo que las ardientes fumarolas de vapor.
La oscuridad y el ambiente claustrofóbico del lugar redoblaron todavía más aquel sufrimiento iniciático de limpieza interna.

Tras dos largas horas sometido a ese estado abrasador, mi conciencia comenzó a nublarse, momento en el que entendí que mi trabajo había terminado y por tanto debía abandonar la cabaña de sudoración. El chamán asintió conforme.
El agua fría de unos bidones en el exterior me arrancaron casi al instante esa atmósfera propia de Pepe Botero, pero prefería el helor del agua al infierno vivido dentro de la cabaña.
Es cierto, llevo muchos años preparándome e iniciándome de manera autodidacta, pautas que ayudarían en las vivencias que estaba comenzando a experimentar en mis carnes.

La noche no fue placentera. Embutido dentro de un estrecho saco de dormir, sufrí la agónica angustia del que queda enterrado o aprisionado dentro de una mina o un estrecho tubo. Sin sonido alguno, sin luz, sin más estímulo que el martilleado de un corazón latiendo cada vez más desbocado a causa de la angustia y la claustrofobia. Traté por todos los medios de focalizar mi mente en otras cosas, en tratar de entretenerla y de sacarla de ese estado de aprisionada crisálida, pero fue todo en vano. No lo soporté, estuvo muy por encima de mis posibilidades y casi sometido por el pánico, me deshice del saco y encendí la luz de mi linterna. Fui incapaz de superar esa prueba.

La mañana siguiente amaneció con jirones nubosos que presagiaban lluvia. Quienes me conocen saben que adoro la lluvia, pues estoy vivo gracias a ella. No hubo desayuno, aunque tampoco lo echaba en falta después de una semana de dieta estricta y ayunos, necesarios para superar las pruebas a las que me estaba sometiendo. El chamán me condujo hasta la sala de trabajo donde me situé con la comodidad que permitía estar con piernas cruzadas, soportar el frío con un par de mantas de lana y confeccionar a mi alrededor un círculo protector. En breve me daría a beber a Papá Tabaco, una infusión confeccionada con hojas de tabaco seco natural, a fin de purificar mi yo interior.
La ingesta de tan repulsivo brebaje comenzó a quemarme la traquea, si bien mantuve la serenidad y el profundo respeto que me produjo saber que un gran espíritu estaba en mi interior. No tardó en aparecer ante mí la imagen de un guerrero emplumado quien con cara de pocos amigos me miraba desafiándome pero expectante ante mi reacción. Yo lo saludé y me presenté dándole las gracias por permitirme disfrutar de él, ante lo cual inclinó el torso levemente.

Se suponía que debía vomitar hasta la  primera papilla, pero no fue así. Además, el poco desasosiego que tenía en mi estómago no fue provocada por el brebaje sino por la cantidad de agua que me obligaron a beber los ayudantes del chamán tras la infusión. Realmente estaba harto de ingerir tanta cantidad de agua.
El chamán me invitó a fumar tres caladas rápidas pero largas de un mapuche o cigarro ceremonial, algo que no logró arrancar de mí el vómito, sólo unas arcadas menores.

Fue en ese instante cuando la imagen de Papá Tabaco, que por otro lado dijo llamarse Toba-kó, se tornó en satisfacción. Poniendo su mano sobre mi hombro y asintiendo la cabeza por no haber “repudiado” de él, desapareció dejando paso a un ser alado de inmenso poder presentado como el Gran Espíritu quien se dispuso tras de mí para cubrirme con sus alas, instante en el que apareció la Diosa Madre, vestida con hábitos blancos y celestes, arrimándose a mi rostro besándome y acariciándome la mejilla.
Lloré ante la visión y le pedí a la Diosa que me ofreciera un presente. Ella con dulzura contestó
-    “¿No tienes suficiente con el beso y las carias que te he dado?”
Comprendí de inmediato la insensatez de tan torpe petición.

Todo el proceso duró cuatro horas, tras el cual comí un poco de sopa de verduras cocinada por una de las atentas y sacrificadas ayudantes del chamán. Luego paseé por el campo un largo trecho enfocándome al proceso que aquella misma noche llevaría a cabo: comulgar con el sacramento de la Madre Ayahuasca, una experiencia ante la cual todo eran incógnitas y expectativas diversas ¿vomitaré?, ¿me quedaré enganchado a ella?, ¿se me aparecerá la Madre?, ¿recibiré información velada?, ¿podré entrar en contacto con entidades extraterrestres?, ¿veré más allá de mí?, ¿podré hacer vuelos astrales y visitar a quienes amo?. La ingesta de tan renombrado y a la par desconocida medicina psicoactiva era nueva para mí, pero no todas aquellas preguntas pues llevaba formulándomelas desde la veintena de años, cuando conocí la existencia de este brebaje medicinal procedente de las plantas de selvas sudamericanas de nombre ayahuasca o soga del muerto.

Afuera llovía y yo estaba a punto de recibir de las manos del chamán un vaso con el preciado líquido color chocolate obtenido de la cocción de una liana selvática, verdadero vehículo destinado a abrir otros mundos. Minutos antes, el chamán me había recomendado no hacer la toma con ninguna idea preconcebida ni con expectativa alguna:
-    “preséntate ante Mamáyahuasca como un niño, deja que la planta maestra te muestre la intimidad de tu interior, deja que fluya y sea ella la que te guíe, así evitaras sorpresas y decepciones, además he visto tu madurez espiritual y por eso te daré la misma dosis tomada por los ya iniciados. Disfruta con ella”

Le presenté mis respetos y permisos para ingerirla, y posteriormente le agradecí a ella y al chamán la oportunidad en hacerlo. Su sabor no era agradable entre agrio y salado, aunque después del ascetismo alimentario y de la infusión de Papá Toba-kó, no me supo tan mal, “cuando termine con todo esto-pensé, pienso comerme un pastel enorme de merengue” fue la venganza de mi mente mundana a tanto ascetismo.

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Tras ejecutar un círculo protector, quedé sumergido en la penumbra y en una atmósfera de músicas entrañables y de fuerte poder emotivo, recostado en el camastro tapado con mantas y comenzando a aceptar lo que iba apareciendo en mi mente.
Olvidé todo objetivo prefijado y del mismo modo que con Papá Toba-kó, me presenté y di gracias, trasmitiéndole poderes y autorización para poder ahondar y remover todos y cada uno de mis secretos e intimidades más recónditas. Tras ello me abandoné a Mamáyahuasca como un niño recién llegado, sin más conocimiento y sabiduría que la suficiente para poder entender y sentir, sin rechistar ni dirigir.
En ese momento yo no lo sabía pero iba a convertirme en un rey entronado en miserias y espejismos.
Poco a poco, sin brusquedades, en suave progresión y ritmo paulatino fueron llegándome imágenes procedentes de la esencia de la planta sagrada: hojas de todos los tipos, follaje, ramas, troncos de árboles y verde, muchos tonos de color verde, distorsiones y figuras diversas unidos a imágenes concéntricas y otras en forma de panal de abeja. Cuanto más me abandonaba más fácil se hacía el trabajo.

Estaba en un estado de semi sopor, más propio del duerme vela que el de una sustancia psicotrópica, tanto que en el momento en que mi conciencia lo deseaba, dejaba de hacer efecto, retornando mi conciencia al lugar y tiempo en el que estaba,  permitiéndome volver así al mismo estado alterado de conciencia cuando lo deseara.
De pronto el rostro de una ancianita afable, cariñosa y de gran hermosura se presentó ante mí: era Mamáyahuasca quien me enseño diferentes rincones de su morada espiritual. Con asombro pude ver a la tierra palpitando al ritmo de hondas respiraciones y cómo la floresta realmente eran emanaciones luminosas de energía vital procedente de su corazón, fue hermoso.
Tras ello, me levanté del camastro y me postré frente al altar que el chamán tenía dispuesto en el centro de la sala de trabajo. Allí recé y mostré mis respetos durante un rato, ajeno a los efectos de la planta y cuando lo creí necesario, retorné a mi lugar. Curioso y necesario es mencionar la imagen del Jefe allí presente. Esta imagen cambiaba de forma semejándose a ciertas personas presente s en mi mente, pero no sólo hacía eso, sino que fue capaz de morfosearse en mi propio rostro con una tridimensionalidad sorprendentes.

El chamán me ofreció la oportunidad de una segunda toma, algo que acepté con todo gusto. Tras beber de un trago la esencia, el chamán me dijo al oído “Mamáyahuasca se está comportando muy bien contigo, no has vomitado ni has volado como un pájaro alocado, creo que estás trabajando muy productivamente, adelante, continua haciéndolo igual”
La segunda toma hizo que profundizara con rapidez y madurez hacia donde la “Maestra” deseaba. Mi mente y conciencia se proyectaron al exterior, no sentía mi cuerpo, pero a la vez regresaba a la normalidad cuando lo deseaba, todo estaba bajo control, aquel estado no tenía nada que ver con otras sustancias incapacitantes y alucinógenas. Por un momento me dije a mí mismo de lo peligroso que puede resultar embarcarse en un periplo de esa magnitud sin preparación ni madurez previa, hacerlo de ese modo supondría quedarse aterrorizado con los planos y diferentes estados de concepción y comprensión que aparecían ante uno. Ahora comprendo porqué tantos incautos caídos en las garras de las drogas terminaron sus días con la vida o con una demencia perpetua, por desgracias conozco a muchos de ellos, quienes incautamente jugaron con sustancias reservadas a hombres medicina y oráculos y perecieron con ellas.

Fue cuando sucedió: la Mamá puso ante mí dos situaciones que he tratado de llevar con el mayor de mis cuidados pero que han terminado por azotar mi Vida. El bofetón fue impresionante, los sollozos, la angustia y los llantos que comencé a proferir también.
Me enseñó e hizo comprender el terrible daño que he causado. Pude sentir en mis carnes el sufrimiento que mis actos y omisiones han creado. Pude quedarme sin aliento al comprobar cómo aquello que creía hacer bien realmente lo hacía nefastamente, verdadero horror vergonzoso, congoja asfixiante, angustioso desgarro.
Continuaba llorando y Mamáyahuasca se dirigió hacia mí:
-    “Esto es tuyo, yo sólo lo he sacado de tus rincones, he desempolvado esos secretos que pensabas estaban resueltos, he aireado tus intimidades…¿con qué te encuentras? Con miseria de tus egos, con la arrogancia de tu soberbia y majestad, con la pútrida concepción de creerte en el camino de la bondad. Eres un manipulador y un falso ¡quítate la careta de una vez!”

Intenté replicar, hacerle ver que he puesto todo, todo, todo mi interés y sentimiento en ello, pero la planta maestra replicó otra vez que no era ella la que me traía toda esa colección de vergüenzas, sino que las había sacado de mi intimidad y por tanto eran la prueba de que mi actitud no había sido correcta.
-    He puesto todo mi sentimiento sincero en mis actos, todo mi amor, mi cariño y desprendimiento en mis actos, pero si yo estoy así, ¿cómo estarán otros?- Repliqué de nuevo
-    Lo que hagan los demás no es de tu incumbencia, ellos ya tendrán su propio infierno, de eso estate seguro. Tú está en un nivel que no es el suyo y por eso se te exige mucho más que a ellos, has entrado en terrenos reservados a quienes se superan a sí mismo. Ahora te toca vivir a ti tu infierno si es que deseas avanzar.

El infierno pensé, como si no hubiera sido suficiente el que había pasado meses atrás. Pero era cierto, mucho peor fue sentir en mí el daño que yo había causado en otras personas. Me vacié de lágrimas e intenté obtener el perdón de corazón, pero sólo notaba una pesada y claustrofóbica losa sobre mi alma…claustrofobia, ahora entiendo otras sensaciones. Una y otra vez intenté obtener el perdón, pero no lo lograba. La Mamá, creo que en un acto de misericordia y compasión, me ofreció vaciar por el vientre tres acongojos relacionados con lo vivido, aunque no me aseguró que sirviera para limpiarme de mis errores. Así fue.
Quedé exhausto y apocado, sintiéndome un alma ruin, solitaria y triste. Una sensación de culpa me invadió. Supe el enorme trabajo que debía hacer para lograr librarme de tan cruel condena. Ya lo dijo el Jefe: “vosotros seréis vuestros propios jueces y os aseguro que seréis los más feroces y severos ante los que podáis mostrar vuestras culpas”
La Mamá Maestra finalmente añadió: “y ten cuidado con el libro que escribes: esconde veneno”
Aquello fue la puntilla que me dejó exhausto y semiinconsciente en el lecho.

Vacío de toda intención, gana y sentimiento, sintiendo ser el más ruin de los bellacos, aquel que ha cometido el acto más vergonzoso que jamás pueda realizarse, mi mente quedó en blanco. Si aquello era de ese modo, y si no lograba obtener el perdón, preferiría que mi mente vagara y se perdiera por el Universo, escapar como una rata de un barco que hace aguas, huir cobardemente de mis propios actos.

Mi querido amigo y chamán Estanislao, versado en la toma de ayahuasca, me hizo saber antes de mi experiencia, que la Mamá es un espíritu bueno, cándido y misericordioso, que muestra lo que llevamos dentro pero que no permite el azote injustificado. Es por ello que sutilmente tornó su rostro sobre mí diciéndome:
-    no está todo perdido, tienes una segunda oportunidad. Otras puertas se abren a ti si lo deseas, si abandonas tus egos, tus mentiras, tus máscaras de un carnaval prohibido, la pantomima de un teatro dirigido por un director grotesco que lleva tu nombre. Lleva tu Vida sin segundas intenciones, con limpieza y sinceridad vacía, abandona tu yo formado por años de mentiras amontonadas una encima de otra. Tu vida es similar a una altiva y majestuosa torres recubierta de tejas doradas que esconden tras ellas pobredumbre. Tórnate como un niño, no tengas que demostrar nada a nadie, sé feliz contigo mismo sin esperar a nada ni a nadie, estate orgulloso con lo que tienes y con lo que eres de veras, bendice la tierra que te acoge, el aire que te alienta, el fuego que te mantiene vivo, el agua que te nutre. Yo no hago milagros, yo no curo ni sano, sólo muestro y enseño a quien quiere ver y conocer. No te desgarres en la desesperanza, no te humilles, no te avergüences, no sientas el deseo de esconder tus miserias. Si se te han mostrado es porque has tenido la capacidad y madurez en admitirlas, eso es suficiente victoria y regocijo para tí. Ahora tienes la oportunidad de trabajarlas para eliminarlas de tu alma, de tu vida, de tu camino.

En ese instante observé mi corazón como una esfera de luz radiante blanco-dorada que pulsaba y giraba sobre sí mismo. Acto seguido surgió de su centro un chorro o cordón de la misma esencia luminosa y se dirigió atravesando el negro espacio hasta un enorme punto, similar a un vórtice brillante donde se fusionó
-    Hagas lo que hagas, cometas el peor y más ruin de los actos posibles, tu corazón iluminará así, manteniendo siempre el cordón que sale del mismo, verdadera conexión entre él y el centro del Universo, representado por ese vórtice. Como el tuyo, están todos los corazones del mundo, no lo olvides jamás, eso te mantendrá a salvo siempre.

Soñé, reí y gocé como un niño pequeño. Por un instante me sentí aliviado. Fue entonces cuando Mamá me acarició el pelo y me dijo con tono de voz cómplice similar al de una madre que recompensa a un hijo tras hacer los deberes mandados:

-    ¿Qué propósito primero te había traído hasta mí? Dímelo, lo tienes concedido
-    Entablar contacto con una entidad extraterrestre – le dije
-    Aquí te muestro a uno de ellos – contestó

Apareció un rostro similar al de los “grises” aunque de color ámbar claro, me arrimé hasta él pero comprendí que lo vivido en ese trance estaba por encima y a otro nivel del de entablar conversación con uno de esos “cabezones” así que lo despedí por donde vino.

-    Madre Ayahuasca, necesito visitar a varias personas amadas por mí, ¿podré hacerlo?
-    Podrás hacerlo con quien desees- me susurró a la cara.

De este modo pude entablar un viaje astral con varias personas queridas, un viaje que se efectuaba instantáneamente, es decir, sin recorrer distancias, comprobando que lo único que me separaba de estas personas era una barrera con la delgadez y fragilidad propia de una pompa de jabón. Fui rompiendo esas finas cáscaras e inmediatamente se producía una conexión no con sus mentes, sino entre el corazón de estas personas y el mío propio.
Todas esas maravillosas e instantáneas vivencias, los cariñosos mensajes y sentimientos sinceros, unidos a la identidad de las almas hermosas y buenas que visité, quedarán en exclusivamente en el silencio respetuoso de mi intimidad más personal.

Poco antes de salir del trance, tras casi cinco largas horas, el chamán se acercó a mí para hacerme unas limpias espirituales. Desnudé mi torso y arrodillado esperé ese regalo. Efectuó entre cuatro y cinco aspersiones con agua florida, sintiendo inmediatamente el frescor y agradable aroma del líquido. Tras ello junté mi frente con la suya agradeciendo su trabajo y atención para conmigo.
El chamán me abrazó haciéndome saber lo sorprendido que estaba conmigo, de ver una respuesta tan madura a un trabajo tan duro como fue aquella iniciación:

-    has mostrado y respirado una espiritualidad verdadera, auténtica, no como otros que son espíritus infantiles que fuerzan posturas o mantras a objeto de aparentar ser “algo”. No sé de dónde sales, ni quien es tu maestro ni a dónde se dirigen tus pasos. Sólo sé que eres “hombre de fuego”, un corazón bondadoso.  Siempre te recordaré querido hijo.

Tras aquel intenso proceso, sólo me quedó pasear por la ribera del maravilloso mar que se abría ante mí, sabiendo que el espíritu de Mamáyahuasca permanecería entre una y dos semanas, algo que pude comprobar. No volveré a ser el mismo de antes y no porque aquellos tres días cambiaran mi actitud, sino porque ahora tenía la responsabilidad de arreglar todo el daño tan grande que he hecho en mi Vida, para así calmar el dolor en las almas que lo sufrieron y alcanzar con ello mi propio perdón. Espero con el corazón en la mano y mi alma y espíritu abiertos sin tapujos, que algunos de quienes me lean logren perdonarme. No he sabido hacer las cosas de otra manera. Ojalá me otorguéis el perdón por todos los actos y omisiones que marqué impunemente en vuestras vidas. Cometer el error y reconocer la culpa son míos, el perdón es vuestro.

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CONSEQUOR solsticio de invierno de 2010

10 Responses to Ayahuasca

  1. Estanislao de Mediolao January 7, 2011 at 11:53 pm #

    excelente relato, consequor….. felicidades por tu escrito…. bienvenido al sanctum sanctorum del Monasterio….
    me alegro mucho que hayas descubierto con la mamá ayahuasca los planos de realidad escondidos detrás del velo, los cuales pueden ser revelados por medio de las plantas enteogénicas…
    la mamá ayahuasca es una madre tierna y de gran sentido del humor…  ella nos enseña verdades de maneras muy bonitas y llenas de amor… mi experiencia con ella me permitió experimentar con la telepatía y con otras formas sutiles de esta existencia….
    felicidades de nuevo, y gracias por tu escrito….

  2. Solembum January 8, 2011 at 4:39 am #

    Magnifico Consequor…
    Un maravilloso relato de tu experiencia y un gran salto en tu camino en la magia.
    Que envidia me da  el poder acceder a esas experiencias.
    Felicidades y muchas gracias por compartir  tu vivencia con nosotros.

  3. Byron January 8, 2011 at 11:12 am #

    parecido un poco a lo que yo hice pero con la “datura sanguinea”, pero lo mio fue mas violento. Talvez no me prepare previamente.

  4. Daisen January 8, 2011 at 12:15 pm #

    Me recuerda fracmentos de Castaneada
    mezclados con mis propias paranoias..

    Y no puedo sentirme apenado …
    yo no creo tener posiblidad de experimentar  ese estado ….

    Daisen el mago solo ha experimentado con la madre ganja …
    y la Madre Coca …

    ambas puras , cariñosas y muy amigables..

    muchas felicidades por  su increible experiencia consequor 

  5. acacia January 8, 2011 at 12:48 pm #

    felicitaciones consequor, es tu primer articulo y esta precioso!
    un abrazo gigante!

  6. mixtl January 9, 2011 at 12:14 pm #

    !!!BRAVO BRAVISIMO!!! en hora buena por mucha razones Io por darnos a conocer tan hermozo relato 2do por haver logrado trance tan tracendental en tu carrera al infinito 30 por tener el don de escribir tan elocuentemente los detalles y pasages de esta inisiacion. sin quererlo has revivido mis experiencias con los hongos de san jose el alto,que te desnudan y realmente te hacen ver la inmundicia y porqueria que portamos bajo nuestra piel.estas plantas son realmente purificadoras y nos abren los ojos ante nuestras vidas hipocritas e incensibles ante los problemas de los demas.deveria haver un ritual obligatorio al menos cada 31/2 años para limpiarnos,purificarnos y darnos cuenta cabalmente lo bajo que caemos a lo largo de nuestra vida,gracias por tu relato y por recordarnos que tan indignos somos ante los ojos de nuestros guias y lidires espirituales. GRACIAS RENDIDAS DEMOS AL TODO PODEROSO QUE NOS AMA TANTO.

  7. tyler February 26, 2011 at 10:07 am #

    gracias amigo, por tu relato.
    no he probado la ayahuasca ni planta ceremonial, pero he tenido esas experiencias cercanas al infierno y el miedo en mis sueños que luego me  dejan sin energias durante el dia y una extraña sensacion e mi ser.
    gracias a tu experiencia puedo entender lo que las plantas intentan mostrar a uno, como a mi en mis sueños.
     
    gracias por tu relato
    salu2

  8. koooh September 10, 2011 at 1:42 am #

    Qué emocionante relato, cayeron mis lágrimas leyendo tus palabras.
    Haré pronto la experiencia y éste es mi momento.
    Gracias por compartirlo.

  9. metamago December 14, 2011 at 8:37 pm #

    Muchas gracias por compartir esa engrandecedora experiencia estimado. Me emociono mucho leer tus palabras.

  10. LaHuestia January 23, 2012 at 1:49 am #

    “Lo que hagan los demás no es de tu incumbencia, ellos ya tendrán su propio infierno, de eso estate seguro. Tú está en un nivel que no es el suyo y por eso se te exige mucho más que a ellos, has entrado en terrenos reservados a quienes se superan a sí mismo. Ahora te toca vivir a ti tu infierno si es que deseas avanzar.”

    Esto me produjo un escalofrío cuando lo leí. 

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