
Hacía más de cuatro siglos que el cielo cósmico no registraba una conjunción astrológica como la de aquella madrugada del solsticio de invierno, puerta anual propicia a la resurrección de nuevas energías de esperanza destinadas a servir como fuerza germinal de la semilla de aquellos que tratan, año tras año, de renovarse con nuevos y elevados propósitos, disponer nuevas alas capaces de trasportarnos hacia horizontes plenos de grandes esperanzas, oportunidades y afectos renovados. Los astros habían conformado una posición donde las diosas del amor, Venus y Luna, iban a morir.
La apasionada Venus-Artemisa se ha convertido en el arco de guerra de Sagitario, muriendo atravesada con su flecha.
La hermosa luna, la hermana de pasión, eclipsa cuando es sujetada por la mano del guerrero Oríon-Horus, siendo herida de muerte por su espada, tornándose en moribunda luna roja, luna sangrante. Tras muchos ...
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