La muerte como consejera.

Según la tradición de lo indios yoquis, la muerte siempre anda con uno; es una especie de masa negra que nos sigue a todas partes, se encuentra al lado izquierdo a la distancia de un brazo, lista y dispuesta a acercarse a nuestro cuerpo y golpearlo de gravedad para absorvernos la vida.
Hace unos días vi un video de Steve Jobs sobre motivación, una de las cosas que decía era que vivieramos como si fuese el último día de nuestras vidas; es algo fácil de comprender en el momento, pero también algo fácil de olvidar. Todos hemos escuchado esa frase alguna vez, pero ¿cuántos empezamos a vivir así desde que la escuchamos? muy pocos…Esto pasa porque nos creemos inmortales, nos creemos tan importantes (estúpidamente, como diría Don Juan) que pensamos que nunca nos va a pasar nada, que la muerte es algo real, pero que está muy muy lejos de nosotros, que llegará solamente cuando seamos “viejitos”. Este pensamiento está muy alejado de la realidad y si nos ponemos a pensar bien y no con la idea estúpida de que somos inmortales nos parecerá que pensar así fue un error.
De todas maneras, como dije, es algo difícil de llevar a la práctica sólo teniendo la idea de que la muerte nos acecha; creo que las personas que han logrado vivir así se deben por lo menos a uno de estos dos motivos: 1) que han tenido una experiencia cercana a la muerte y saben que la idea de la muerte que sólo se materializa en la etapa de la vejez es una trampa mortal (sí, más mortal que la misma muerte); o 2) que han creado un mecanismo que los haga estar concientes de que la muerte está ahí, muy cerca, lista para absorvernos.
Obviamente es en el punto 2 sobre el cual debemos trabajar y me parece muy acertado adoptar la concepción de los indios yoquis para tal efecto, es decir, cuando tengamos que hacer algo de lo cual tenemos miedo, debemos mirar a nuestra izquierda y VER a nuestra muerte (como una masa negra) y pedirle consejo sobre qué hacer, o sólo bastará con ver que la muerte está tan cerca que el temor o tensión que sentíamos para hacer tal cometido, sólo es una mera ilusión o algo muy insignificante comparado
con la idea de que esa masa negra podría venir en cualquier momento a por nosotros. ¿Logran imaginarse lo fuerte que es, no sólo saber, sino VER que la muerte esta ahí?, ¿Cuando veamos que la muerte podría llegar en minutos pensaremos en no hacer algo sólo por miedo a algo mucho más insignificante que eso? ¿Dejaremos de vivir esa experiencia por un miedo estúpido? ¿Cometeremos la negligencia de acumular la sabiduría de esa acción, quizás la última acción de nuestras vidas, por un temor baladí?
El hombre es acción y por lo tanto debe actuar, no digo que con la idea del párrafo anterior cometamos cualquier tontera o hagamos absolutamente todo en poco tiempo (recordar
también que hay que actuar en el momento justo y ser paciente, mas no negligente), sino que es algo que nos motivará a actuar cuando lo que nos frena sea solamente el miedo.
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Hay 4 comentarios »
Comentario por cesarelhonesto
October 9, 2008 @ 4:50 pm
excelente articulo mi vida comenzo a cambiar desde que acepte humilidemente que la muerte me anda acechando y a pesar de ello es mi amiga, ahora cada acto lo realizo como si fuera el ultimo (la ùltima batalla sobre la tierra) y gracias a ello la timidez, la ira y tantas idioteces que cargamos por sentirnos inmortales se han desvanecido, aunque es una batalla diaria por mantenerme consciente de ello, si no la idea de inmortalidad llega y trae consigo todo lo que ella invita.
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Comentario por Estanislao de Mediolao
April 1, 2008 @ 10:58 pm
Excelente artículo, querido Panphage Pangenitor….
Por causa de mi trabajo me enfrento con la muerte regularmente, a veces aceptando su victoria sobre mis trucos médicos, otras veces yo celebrando su derrota a causa de mis conocimientos de farmacología y anatomía. Sin embargo, no importa quien gane o quien pierda, la muerte siempre la tengo presente. Cuando más la siento, sin embargo, no es en el hospital, sino en la carretera. Viajo un total de cincuenta millas en la carretera cada vez que voy al trabajo. Es en ese momento de mi día cuando más vulnerable me siento, pues entre la muerte y yo no hay nada más que el hierro y el metal imperdonable del Jeep que me rodea, y un camino de asfalto dispuesto a detener violentamente la inercia que me lleva a mas de 60 millas por hora. No hay otro momento en el día que me hace sentir tan consciente sobre la posibilidad de la muerte. En esos momentos hasta el concepto de salud se vuelve algo ilusorio, al comprender que un accidente mortal o mutilante está a solo segundos crasos de suceder, no importa la destreza ni la experiencia que uno tenga en el volante, pues el destino siempre anda tirando dados irónicos.
De todas maneras, antes de irme de nuevo en otras de mis tangentes, te diré que comenzaré a mirar sobre mi hombro izquierdo más frecuentemente……
;)