Las Casas de la Vida: Mi vecino

Hace un tiempo atrás mi vecino se empezó a sentir mal, y decidió ir al médico a ver que le pasaba. Los doctores no le encontraban nada, así que le hicieron pruebas más específicas, para confirmar el supuesto diagnóstico.
Como a las dos semanas, un lunes voy caminando por la calle, y me encuentro con la esposa. Le pregunto por el señor, y me dice que lo habían diagnosticado con cáncer en el hígado, y le habían dado de seis a nueve meses de vida, ya que lo tenía a un nivel que no comprometía su organismo en eso momentos. Por eso mismo, se sentía un poco tranquila, ya que tendría un poco más de tiempo para compartir con su esposo. Me pregunto que si quería entrar a verlo, pero le dije que no, que pasaba al otro día, porque tenía salir en esos momentos..
Esa noche me acuesto de lo mas bien, y por la mañana del martes, me desperté que no me podía levantar de la cama. Tenía un dolor en todo el cuerpo que me estaba matando, y estuve la mayoría del día con una fiebre de 40 grados C. Me pasé tomando pastillas para controlar la fiebre, pero nunca me bajaba por completo, y cuando se me pasaba el efecto sentía que me quemaba por dentro. Estuve todo el día, hasta que por la noche mi esposo me obligó a darme un baño para refrescarme un poco, y aunque eso me ayudó en algo, no tenía energías para nada, así que me acosté otra vez.
Después de par de pastillas, me quedé dormida y empecé a soñar con una casa en un campo. Como en todos mis sueños, me puse a averiguar por los alrededores, y finalmente entré. La casa estaba vacía, y me la pase de cuarto en cuarto asegurándome que estuviera vacía. De momento me da la sensación de que algo pasa afuera, y salgo. Miro alrededor y siento que algo extraño se acerca, proveniente de un bosque que rodeaba la casa. Sigo buscando por el área, y de momento, dentro de los terrenos de la casa, empiezo a encontrar jaulas con perros grandes de varias razas, de esos usados para seguridad. Los perros ladraban para que los dejara salir, y cuando les abría las jaulas, se acomodaban alrededor del perímetro del terreno de la casa tapando el acceso, ladrando y mirando hacia fuera. En total encontré 15 perros, y todos se mantenían en posición de alerta una vez sueltos.

Mientras estoy mirando los perros, siento un ruido, y cuando miro hacia el camino, veo un carro pequeño que se acerca, se detiene frente de la casa y automáticamente abre la puerta trasera. Como me pareció un indicativo de que me tenía que subir al carro, pues decido subir y cuando estoy adentro, veo que hay un chofer que se veía semi transparente. Cuando me acomodaba en el asiento detrás del chofer, siento que alguien más se sube al carro, y se acomoda al lado mío. Después de esto, la puerta se cierra, y el carro comienza a moverse. Por alguna razón durante el sueño, solo podía mirar hacia adelante, y no pude ver a la persona que sentó al lado.
El carro se dirigió a un camino que subía por el borde una montaña. Mientras más alto llegabamos, nos ibamos envolviendo en una neblina, que poco a poco se ponía bien espesa, hasta no poder ver nada alrededor. Mientras estabamos en una sensación de serenidad dentro de esa neblina, de momento me empieza a dar una peste a carne podrida, a muerto, o como cuando un pasa al lado de un animal aplastado en la carretera, y en ese momento me despierto. Ya es miércoles.
De momento me desespero, porque el olor lo sentía en el cuarto. Sentía que era yo la que me estaba pudriendo, y que el olor venía de mí. Me dió una sensación de asco tan grande, que me levanté y me metí en la ducha. Después que me bañé, fuí y cambié las sábanas de la cama, porque aunque ya no sentía el olor, me dió manía y hasta perfumé el cuarto. Mi esposo me encontró en medio de todo, me pregunta que me pasaba, y le dije lo de la peste. El pobrecito que ya está medio acostumbrado a mis loqueras, ni caso me hizo. Me pasé otra vez, todo el día en la cama, aunque ya me estaba sintiendo mejor, decidí llamar para ir ver al doctor y saber que tenía, porque la fiebre y el dolor del cuerpo no me dejaban vivir.
El jueves voy al médico, y por supuesto, me diagnosticaron lo mismo que que le asignan a enfermedades repentinas,,un virus, que no era el del flu. Que descansara, tomara mucho líquido, y controlara la fiebre, que por supuesto, no tenía cuando llegué a verlo.
El viernes me levanté mil veces mejor. Tenía muchas más energías, lo que quedaba de mi enfermedad era una pequeña tos, que no sé de donde salió, y los labios secos de tanta fiebre. Salí a la calle, y decidí ir a visitar a la vecina. Como había salido de esta enfermedad misteriosa, no pensaba entrar, por si acaso tenía algo que pudiera contagiar al pobre señor, pero por lo menos preguntar como estaba.
Cuando me voy acercando a la casa, veo que tienen una cinta negra colgando de la puerta. La vecina me vió desde adentro y salió, cuando le hice señas de que saliera. Le estaba explicando que había estado enferma y que no quería contagiar a nadie si entraba a la casa, y casi no puedo no terminar la oración, cuando me dice que el esposo se había muerto.
Yo no podía salir de mi asombro, mientras me daba los detalles de lo ocurrido. El esposo se había muerto en la madrugada del miércoles, y la funeraria había ido a recoger el cuerpo temprano en la mañana. Todo eso coincidiendo con todo lo que me pasaba a mi en mi casa, durante mi misteriosa enfermedad.
Habiendo visto lo que pasó en mi sueño, le dije que a la vecina, que probablemente el esposo estaba en lugares más tranquilos y descansando, que por lo menos se había evitado pasar por el dolor de las últimas etapas del cáncer. Me dijo que estaba tranquila por esa misma razón. Aunque la muerte la agarró por sorpresa, al fin y al cabo era mejor así.
Con la excusa de estar contagiosa, no fuí al funeral, ni al entierro. Mi despedida la dí esa noche en mis sueños, ya sabía que el señor estaba en lugares tranquilos y serenos, después de haber sido protegidos por perros guardianes, de qué, no sé, pero ahora estaba seguro.

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