Un angel que bajo del cielo
Esto lo escribí despues de una angustiosa noche en la sala de intensivo de un hospital. La muerte finalmente llegó, a pesar de estarle huyendo por varios dias. Esa noche no pude dormir, porque estas palabras salían en mi cabeza constantemente, y no pude conciliar el sueño hasta que me senté a escribirlas.
Hace cuarenta y cuatro años un angel decidió probar su suerte en la tierra. Pensó que con todas sus habilidades y conocimientos, podría ayudar un poco a esta humanidad que llevaba observando por muchos años. A pesar de su deseo de ayudar utilizando lo mejor de sí mismo, por cosas de destino y demás cosas que jamás podremos saber, terminó en un cuerpo no tan perfecto, que lo limitó grandemente en su habilidad para actuar.
Contra viento y marea, intentaba sobrepasar sus obstáculos, pero su cuerpo físico lo limitaba grandemente. Su mente, que siempre fue como el de una niña, solamente le permitía ver un poco más de la realidad en que vivía. Con paz y resignación, este ángel llegó a la conclusion de que por mas que tratara, ya no podría resolver los problemas del mundo, pero pensó que quizás podría hacer algo más sencillo que también tendría mucho impacto. De esta manera, canalizó todos sus conocimientos y habilidades, y los convirtió en la energía de la amor para distribuirlo a todo su alrededor.
Era tanto el amor que emanaba de ti, que la gente no se fijaba en tus defectos físicos, y todo el que te rodeaba no podia evitar quererte, y lo mismo me pasó a mí el día que se cruzaron nuestros caminos. Te tocó una familia que te amaba sin reservas, la cual te enseño a querer sin esperar nada a cambio, y que juró protegerte hasta el final.
Fue tanto el amor que recibiste, que aprendiste a amar con pasión a esta humanidad terrenal. Tu cuerpo, a pesar de todas sus imperfecciones, te permitió sentir sensaciones increibles, que jamás habías sentido a través de tu larga existencia celestial.
A pesar de todos tus cuidos y todo el amor, un día terminaste en el hospital. Ya tu frágil cuerpo humano se fue debilitando con los años. Luchabas con todas tus energías por quedarte en esta tierra que tan feliz te hacía, mientras cada día aumentaban la cantidad de tubos, gotas y agujas que conectaban a tu cuerpo para ayudarte a sanar, los cuales te mantenían atada a una cama, que poco a poco se fue convirtiendo en tu prisión.
No te había ido a ver, porque presentía tu partida. Llevabas días y todavía no quería saber el hospital en que te encontrabas, pero esa mañana del viernes, la voz de tu sangre me llamaba con urgencia, tu hermana no quería estar sola, y finalmente fuí a verte.
A pesar de tu inconciencia, sabía que sentías mi presencia, y la de los demás. Llorabas al sentir a tu hermana tan cerca de ti, hablando de lo mucho que te quería, y mientras tanto , el cuarto se inundaba de amor. Luego en la noche, allí sentada en una silla, observaba como aumentaban las bolsas con líquidos, las presiones de aire, los ruidos de las máquinas y las visitas de las enfermeras.
Los llantos y las lágrimas que llenaban tu cuarto no te dejaban ir, y tu pobre corazón trataba de seguir latiendo, mientras añadían más líquidos, agujas y máquinas. Allí sentada en una silla en la esquina del cuarto, con las mejillas mojadas con lágrimas, hablé contigo en silencio, y te pedí que te fueras. No resistía ver a ese cuerpo sufrir más, y la angustia de todos al verte así. Te prometí quedarme con todos y ayudarlos a sobrellevar tu partida.
No sé si fue casualidad o si realmente me escuchaste, pero minutos después de darte mi palabra, poco a poco tu corazón humano empezó a dejar de latir. Mientras veía el descenso de los números, sentí una felicidad interna, y ya no tuve que llorar más por tí. Sentía como si de momento lograste escapar de esa prisión que te aguantaba, y pudiste expandir tus alas otra vez.
Me quedé en tu cuarto como te prometí, y consolé a los tuyos hasta que hubo un poco de paz. Nos despedimos de tu cuerpo que yacía ya vacío en esa cama, pero tu amor nos seguía a través de los pasillos del hospital en el cual volviste a ser tu mismo.
Jamás te olvidaremos, gracias por haber sido lo que fuiste, gracias por ser Lolita.
octubre 1962- febrero 2007
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Comentario por Lhiannan Shee
March 9, 2007 @ 5:30 am
Bellísima despedida y el más grande regalo posible, el amor.
Muy hermoso, Cándida.