Leyendo cartas
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Hay quien lo expresa como "interpretar" las cartas pero lo que yo hago se parece más a leerlas. Hablo, naturalmente, de las cartas del Tarot. Supongo que es bastante difícil encontrar a alguien interesado en temas "ocultos" y que no esté interesado en el Tarot.
En este submundo que habitamos los que frecuentamos este Monasterio no hay nada exacto, todo es relativo pero, sobre todo, todo es subjetivo. La Magia que funciona para unos, no lo hace para otros; todo depende de quiénes somos, qué buscamos, qué queremos y creo que, principalmente, qué no queremos.
El Tarot no es una excepción, no es una ciencia exacta, lo que dice o predice no está escrito en piedra. Las cartas suelen hablar de la opción más probable pero totalmente evitable si es lo que queremos. ¿De qué serviría conocer el futuro si no lo podemos evitar?
La verdad es que, aunque me encanta consultarlas, hace ya algún tiempo que las uso poco. El problema es que las lecturas a uno mismo son poco fiables, no tenemos la objetividad necesaria para entender lo que nos quieren decir.
En mi caso, las últimas veces que me las he leído a mí misma, no he entendido el mensaje; pero con el paso de los días, la información resultó tan exacta como si hubiese hecho una foto.
De todas formas, supongo que alguna parte de mi mente lógica se niega a aceptar los hechos y a veces se impone, generándome mucha inseguridad. No pasa nada cuando intento leérmelas, no me juego nada. El problema viene cuando algún amigo quiere que intente una tirada. Si alguien viene para conocer algo del futuro con mi ayuda, es porque realmente está en un momento crítico y necesita (o cree necesitar) saber algo más.
Al principio, hice algunas tiradas para amigos por curiosidad, tanto de ellos como mía; así que el resultado no tenía ninguna importancia. Supongo que la exactitud de aquellos resultado ha hecho que ellos confíen en el Tarot en posteriores circunstancias de crisis.
Lo que me angustia en esos momentos es la posibilidad de influir en las decisiones de otras personas por medio de algo que no puedo controlar. No es como cuando alguien te cuenta un problema y tú tratas de dar una opinión tras razonar el asunto con cierta objetividad para ayudar. Nada que ver con todo eso. En el caso del Tarot, soy una mera intermediaria en un asunto que no es una ciencia exacta.
Me explico: aunque hace años estudié el significado de cada arcano, su simbología y posibles interpretaciones, no es así como leo el Tarot. Yo hago una tirada, disponiendo las cartas de un modo particular que nada tiene que ver con las tiradas tradicionales e intento ver qué me dicen. Las dificultades que me preocupan a la hora de intentar ayudar a alguien son:
Primero. A veces, por más que me esfuerce, no consigo ver nada. Ese día es mejor guardar las láminas y volver a intentarlo en otro momento. Otras veces, por el contrario, siento como si el mazo me llamara, como si mis manos necesitaran tener las cartas entre ellas.
Segundo. Nunca quiero saber qué es lo que el consultante quiere preguntar por dos motivos. Uno es que no quiero condicionarme antes de ver lo que las cartas dicen, no tengo inconveniente en que me lo cuenten después, pero nunca antes. El otro motivo es que las cartas dirán lo que les apetezca, tú puedes querer saber si ese trabajo que vas a empezar te conviene o no y las cartas te dicen que es mejor que dejes a tu chico/a porque es él/ella quien no te conviene.
Tercero. Una vez dispuestas las láminas sobre la mesa y sin saber nada de lo que pasa por la cabeza del consultante, empiezo a repetir lo que las cartas me dicen: siempre o casi siempre son cosas sin sentido para mí. A veces, incluso, me ha pasado que creo que no sólo no tienen sentido para mí sino que son erróneas (en mi opinión) ya que hablan de situaciones que no tienen nada que ver con la persona que tengo enfrente y que se supone que conozco. Cuando después de retirar las cartas, barajar y volver a disponerlas, me encuentro con casi las mismas láminas, intento encontrarle un sentido sin lograrlo, le digo a mi amigo (con cautela) lo que veo, él me responde con toda naturalidad que es cierto (¡!).
Después de ese momento de tensión en que digo cosas que, como ya he dicho, no tienen ningún sentido para mí, viene cierto respiro cuando la persona que me consulta entiende perfectamente lo que le estoy diciendo. Ése es un momento mágico. Por eso digo que no las "interpreto" porque no les busco sentido, me limito a repetir en voz alta lo que me dicen las imágenes.
Pasado un tiempo, hablo con alguna persona a la que he hecho alguna lectura y me cuenta como va su vida; a continuación añade "como tú me dijiste aquel día". Evidentemente, yo no lo recuerdo porque por muy buena memoria que tenga, dudo que nadie pueda recordar frases que le parecen inconexas y sin sentido, así que me tengo que creer que yo lo dije.

Sólo recuerdo dos de las tiradas que he hecho y de ambas hace más de dos años. Si me acuerdo de ellas es porque en las dos salía algo que para mí era totalmente opuesto a las personas que tenía delante, ambos son amigos míos y creía que los conocía bastante. Supongo que en aquel momento estaba equivocada. Recuerdo que pedí disculpas antes de decir lo que veía. Lo cierto es que ahora los conozco mejor.

Yo, como tantos otros, fui "programada" para creer en la ciencia; en el colegio nos enseñan que lo que no se puede razonar no existe (a excepción de todo lo que se pueda explicar con la "fe en Dios") y, aunque yo tenía la "necesidad" de creer en la Magia, esas enseñanzas quedaron clavadas como un pequeño tumor que a veces se hace notar.
Por eso me sorprendo cuando un hechizo funciona; luego me reprendo: "por supuesto que funciona, si no lo creyera no me molestaría en hacerlo". Pero en cuanto a lo que viene al caso, esa parte de mí, aunque diminuta, existe y a veces toma el control haciendo que me cueste aceptar (a pesar de las pruebas) que unas láminas de vivos colores sirven para conocer cosas que aun no han ocurrido.
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Comentario por Adri23an
September 29, 2006 @ 6:14 am
Ole l@s tarotistas con grasia!
Un conocido mío, tarotista y ritualista, me explicó su teoría: cuando utilizas mucho tiempo el mismo mazo de cartas de Tarot, el mazo adquiere un egregor / servidor / llámalo como quieras… Por eso a quienes las usamos nos cuesta desprendernos de ellas, por mucho que estén pidiéndonos que las jubilemos a gritos.
Personalmente, las mías tienen mucha personalidad: cuando ya te han respondido a una pregunta e insistes en que te lo expliquen de nuevo, llega un momento que se enfadan y empiezan a salir XIII, XV, XVI :D