Auras

Seguramente empezó en el momento en que abrió los ojos por primera vez aunque, por supuesto, no recordaba ese momento. Pero sí que recordaba otros muchos momentos, y no todos agradables. De hecho, recordaba mejor los otros, aunque la verdad es que eran menos.
Usaba gafas oscuras y caminaba por la calle mirando al suelo, procuraba por todos los medios no mirar a otras personas a la cara. Hacía mucho que su don se había convertido en una maldición.
Nunca lo había visto realmente como un regalo, sencillamente era una parte de ella, como sus manos o como su gusto por la lectura, había nacido con ello así que no le parecía especial. Ya en el colegio se dio cuenta de que no era tan común, no les pasaba a sus compañeros. No tardó mucho en ser etiquetada como "bicho raro", las madres de otros niños los hacían apartarse de ella, no era invitada a los cumpleaños de sus compañeros. Su madre se esforzaba por hacerle entender que no era culpa suya, eran los otros los estrechos de miras, gente que actuaría igual si se tiñera el pelo de verde sólo porque nadie más lo llevaba de ese color, les asustaba lo distinto. De todas formas a ella no le importaba demasiado, el no poder jugar con otros niños la hizo acercarse a los libros, encontró así todos los amigos que necesitaba.
Las cosas fueron algo más fáciles después, los adolescentes adoran lo distinto… hasta cierto punto. Aunque procuraba no destacar, era difícil de evitar. Tal vez otra persona hubiese ignorado lo que veía y se hubiese dedicado a sus cosas, evitando así que todos se fijaran en ella pero… bueno, era posible que una persona así no tuvera ese don.
Casi todo el tiempo su vida era "normal" por llamarlo de alguna forma, pero a veces, cuando miraba a alguien veía algo a su alrededor. Era algo difícil de definir, como un color que le transmitía una sensación. No era el aura que dicen que todos tenemos y que a base de estudio se puede aprender a interpretar; no, ella no tuvo que estudiar nada, no tenía que interpretar lo que veía, sencillamente lo sentía. Aun recordaba a una compañera de instituto que casi siempre intentaba evitarla, la vio sentada al final de la clase llorando y lo supo, se acerco a ella y le dijo que no se afligiera, que todo saldría bien, que su madre se recuperaría en muy poco tiempo y todo volvería a estar como siempre. Más por necesidad de agarrarse a algo que por verdadera fe en lo que decía, la chica le sonrió y le dio las gracias. Algunas semanas después la chica se le acercó y le volvió a dar las gracias, la madre había estado al borde de la muerte y los médicos no sabían lo que tenía. Ahora la mujer volvía a estar perfectamente.
Las veces que, como aquélla, lo que veía o sentía eran buenas noticias, eran momentos maravillosos, incluso aunque la persona no la creyera, la hacía feliz saber que otros iban a ser felices y ella podía ayudar a evitarles sufrimientos innecesarios adelantándoles la noticia…
Otras veces no era tan bonito. No era agradable decirle a alguien que debía dejar el tabaco o preparar sus asuntos porque moriría en pocos meses; o anunciar a una mujer encinta que el hijo que iba a traer al mundo acabaría convirtiéndose en un delincuente peligroso.
A lo largo de su vida había visto muchas cosas, más buenas que malas, pero aun así las malas eran tremendas y conforme pasaba el tiempo llegó a hacerse insoportable. Lo peor eran los niños. No comprendía por qué los niños tenían que sufrir. Con apenas cuarenta años se sentía como si hubiese vivido doscientos años.
Llevaba meses investigado, tratando de conocer a otros como ella, seguro que los había, pero no conseguía encontrar nada. No es que quisiera formar un club, sólo necesitaba saber cómo deshacerse de aquello que la atormentaba.
Aunque su don hacía su vida algo más dura, había podido convivir con ello todo el tiempo; no fue hasta un año antes, cuando al mirarse al espejo supo que su poder la llevaría a la muerte, cuando decidió que ya no podía más. Sabía que moriría como moriremos todos pero… saber lo que la llevaría a ello era demasiado. No supo exactamente cómo ocurriría, puede que alguien enfureciera al conocer su futuro, puede que se metiera, sin querer, en algo peligroso… lo cierto es que ocurriría ya que, al no saber cómo sería, no podía evitarlo.
Tras muchas horas de investigación buscando en libros y en internet y sin encontrar nada, estaba desesperada. Saber que la próxima persona a la que ayudes puede ser la que provoque tu muerte no es una sensación agradable. Por otra parte no era capaz de guardarse la información que le era revelada sobre el futuro de otras personas…
Fue la desesperación de ver cada dia en el espejo su futuro lo que la llevó a la decisión. Se desharía de su don y viviría tranquila lo que le quedara de vida. Con una serenidad que sólo se tiene después de encontrar la paz de una respuesta tras años de preguntas se dispuso a acabar con sus visiónes, con su tortura. Lo hizo tomando el disolvente que tenía más a mano y disparando a sus ojos…
Cuando llegó al hospital recuperó el sentido ya en el quirófano, apenas veía nada pero alcanzó a ver la silueta del médico que la intervendría y un color a su alrededor, una sensación. Supo que el doctor tendría el peor día de su vida…
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Comentario por Estanislao de Mediolao
August 9, 2006 @ 4:22 pm
me caguo en la ostia……….