RSS Feed

Sigilo

Tags: Caos — Estanislao de Mediolao @ 11:07 am el Sunday 11 de December de 2005.

houstonwegotaproblemwithchaos.jpg

Una de mis primeras experiencias bregando con sigilos mágicos ha sido probablemente una de las experiencias más contundentes que he tenido dentro del caos.  Esta experiencia definió mi interés durante mis primeros días dentro de la magia del caos debido a la belleza de los simbolismos que tomaron lugar en mi realidad inmediata.  Los efectos de mi sigilo me abrieron los ojos a una realidad mágica la cual sólo había conocido por medio de la literatura latinoamericana en forma de ficción, en los libros de Borges, Cortázar, y García Marques.  Mi día potencialmente ordinario se convirtió en un momento de exaltación.
 
Llevaba ya unas semanas hojeando par de libros sobre como practicar la magia del caos, y una mañana, por pura curiosidad más que nada, decidí fabricar un sigilo antes de ir al trabajo.  Ese día trabajaba el primer turno de la mañana, y por vagancia, decidí que quería tener un día fácil, suave.  Luego de levantarme me senté en frente de la computadora, y por medio de uno de los programas de dibujo fabriqué rápidamente un símbolo basado en las letras de la frase DIA SIN OBSTACULOS.  Le dí delete al símbolo una vez memorizado, y entonces fui al sótano de la casa, todavía en la oscuridad de la madrugada, para hacer un ritual de activación.  Una vez sumergido en la gnosis, desterré de mis recuerdos la imagen mental del sigilo, y luego de un momento de pausa y meditación, me dirigí a prepararme para mi gran día en el trabajo.  Mientras me bañaba, me imaginé un día ideal en donde todos los semáforos me esperarían con la luz verde, en donde las enfermeras me traerían tacitas de café prieto acompañadas por donas y otros dulces de repostería, y en donde los pocos pacientes que vería se moverían a través del tráfico de la sala de emergencias sin complicaciones, malentendidos, o atrasos.  Me imaginé que si este sigilo funcionaba tal y como yo lo auguraba, que entonces iba a tener que hacer tres y cuatro sigilos de estos por semana.  Me imaginé todo tipo de fantasías, y ninguna cercana a los hechos que eventualmente tomarían lugar más tarde durante ese día.
 
Lo primero que me sucedió, una vez salí de mi casa hacia el trabajo, fue que me encontré con una luz roja en el primer semáforo de camino al hospital.  No big deal pensé.  En vez de doblar a la izquierda en esta intersección como siempre lo hacía, podría seguir derecho y tomar una rutal alterna.  Total, en el caos todo es permitido, me dije a mi mismo mentalmente, con un tono de sarcasmo que hasta sentí en mis oídos.  Me llevé la primera desilución del día cuando el próximo semáforo también tenía la luz roja, y esta vez no tenía hacia donde tomar alternativamente.  No le hice mucho caso a esta premonición hasta que llegué al trabajo, luego de haberme encontrado con la mitad de las luces en verde y la otra mitad en coloradas.  Sin embargo, llegué a tiempo al trabajo.
 
Mientras me localizaba en mi estación, pensando de la manera en que esa noche iba a quemar esos malditos libros del caos, la secretaria se me acercó y me anuncia que uno de los sistemas de computadoras esenciales en la sala de emergencias había caído.  ¿Cuándo cayó el sistema?, le pregunté.  Antes de yo haber entrado, me contestó.  Nos traíste la mala suerte, me contestó.  No lo podía creer.  ¡Que manera más mierda de comenzar el día! 
 
Este sistema de computadoras era el corazón de la sala de emergencias.  Por medio de un sistema de tracking bastante elaborado, y específicamente diseñado para mantener la eficiencia dentro de este departamento, este sistema llamado MedFort concentraba toda información disponible con respecto a cada paciente en la sala de emergencias.  Laboratorios, radiografías, historial médico, todo esto disponible al alcance del médico, de la enfermera, del técnico, o la secretaria por medio de este sistema, cada uno con acceso distinto a las funciones computarizadas.  Por medio de este sistema, por ejemplo, yo podía seleccionar todo tipo de órdenes, incluyendo laboratorios, medicinas, y otros procedimientos, sin la necesidad de tener que estar corriendo por todo el departamento tratando de encontrar a una enfermera o a una secretaria que pudiera transcribir mi orden o ejercer cualquier capricho mío.  La caída de MedFort significaba que tendríamos que regresar al sistema de papel, más ineficiente, más anticuado y más descabellado que el sistema de computadoras, al menos hasta que los geeks de esa compañía, localizada en otro estado, pudieran encontrar el problema.  De acuerdo a las secretarias, todavía nadie sabía cual sería el downtime de MedFort para ese día.
 
Para colmar mi desgracia, y todavía sin siquiera haber visto el primer paciente del día, la secretaria entonces anunció que el sistema de computadoras del hospital, el cual es independiente del MedFort, también acababa de caer.  Aunque este sistema no estaba conectado directamente con los trámites que yo hacía en cada paciente en la sala de emergencias, indirectamente este sistema era muy importante, pues afectaba el flujo de información entre el hospital y el departamento, lo cual significaba más lentitud en todos los procesos.  No sólo tendría yo que escribir mis órdenes a mano, ahora la secretaria tendría que transcribir esa orden y enviarla por medio del sistema de tubos pneumáticos a los otros departamentos relacionados a mi trabajo.  Esto significaba que los resultados de laboratorios y de radiología tomarían siglos en vez de minutos.  De repente me sentí como un galeno de la Edad Media, caminado con un frasquito lleno de sanguijuelas, a punto de desangrar al paciente para deshacerme de los malos humores.  Sin computadoras este sería el día más lento de mi historia en ese departamento.  Fue entonces cuando me entró la duda por primera vez:  ¿tendría esto que ver con el sigilo que activé esa mañana?  Definitivamente no.
 
Bueno, como era de esperarse, me la pasé ese día persiguiendo a enfermeras, cerciorándome de que mis órdenes no se perdieran en el vaivén caótico de la papelería desprevenida de records médicos, torturando a las secretarias repitiéndole una y otra vez las órdenes mal transcritas, y provocando discordia entre mis técnicos, asegurándome de que repitieran temperaturas o presiones arteriales o exámenes rectales.  Ese día atendí una fracción del número de pacientes que usualmente veo en un turno común y corriente.  Fue un día lento, ineficiente, torpe.  Un día el cual esperaba que estuviera fuera de lo común y corriente, pero que al final, aunque estuvo fuera de lo ordinario, fue un día con inclinaciones aparentemente desastrozas.
 
A lo mejor me hubiera olvidado del sigilo y hubiera mandado toda la farsa de la magia del caos pal carajo sino hubiera sido por lo que sucedió durante la última media hora antes del final de mi turno, allí en la sala de emergencias.  Era el final de mi turno, y ya había comenzado a encontrar disposiciones para cada uno de mis pacientes:  algunos serían admitidos al hospital, otros serían dados de alta a sus casas, y otros serían transferidos al próximo doctor de turno, pues todavía algunas pruebas no estaban disponibles.  Por causa de mis apresuramientos, como a eso de las tres menos cuarto, por estar tratando de disponer de cada paciente para así poder largarme a mi casa a tiempo, no le presté tanta atención al anuncio de la secretaria por medio del autoparlante de que el sistema de computadoras interno del hospital estaba up and running.  Total, ese sistema aunque me afectaba, como ya lo mencioné, no lo hacía de una manera directa, así que no me importó el anuncio.  Sin embargo, no pude ignorar la señal irrefutable de que acababa de entrar a deambular por los predios de la locura, cuando al quitarme mi bata blanca al final de mi turno, a las tres en punto, la secretaria anunció que MedFort por fin estaba online y que ya se podía utilizar de nuevo.  Fue entonces cuando en medio de olores a esterilizantes y desinfectantes, rodeado del alboroto sutil de una sala de emergencias, del bullicio en voz baja de enfermos y enfermeras, que de repente sentí el alumbramiento deparado sólo para los santos, los profetas y los esquizofrénicos de todos los tiempos:  mi sigilo había funcionado.
 
Mientras manejaba mi carro de vuelta a mi casa ignoré mi percepción errónea sobre el día que había acabado de experimentar, y en medio de semáforos y tráfico de la tarde, encontré el zen que a veces sucede cuando la mente entra en el pensamiento seco y automático de la rutinaria carretera.  En vez de trifulcas con enfermeras, con secretarias, o con técnicos por supuestamente no haber completado mis órdenes en forma debida y a tiempo, de repente entendí que el efecto de mi sigilo en la realidad no había tenido nada que ver con un día efectivo y rápido, sino que con un día sin obstáculos.  Un día sin obstáculos.
 
Ese día que acababa de experimentar en el trabajo estuvo libre de las imposiciones de la máquina electrónica.  Nadie, ningún administrador me estuvo velando por medio de ningún tracking system, chequeando cuan efectivo (o no) era mi estilo de práctica.  El sistema de la sala de emergencias, tan dependiente de las computadoras y otros garabatos electrónicos, se había detenido casi completamente a niveles ‘prehistóricos’.  Sin embargo, durante ese día quasi-anárquico tuve la oportunidad de dedicarle mucho tiempo a cada una de las personas que me rodeaban, gente que ignoré muchas veces a diaro, por causa de la prisa impuesta por el monstruo elelctrónico de MedFort
 
Descubrí ese día la humanidad de mucha de la gente trabajando bajo mi mando, su sinceridad, su calor, su ternura, su sentido del humor.  Tuve la oportunidad de dedicarle más tiempo a mis enfermeras, explicando a fondo mis órdenes, y a veces discutiendo maneras alternas de cómo proveer tratamiento.  Descubrí entonces que muchas de mis enfermeras tenían un sentido bastante agudo para percibir problemas médicos y que algunas tenían mejores ideas que las mías para aplicar semejantes tratamientos a los que yo pedía.  Ese día también me dí cuenta que mis secretarias a veces encontraban errores míos y los arreglaban calladamente en la transcripción de órdenes, dejándome saber que me conocían mejor de lo que yo creía.  Descubrí un tesoro repleto de joyas en frente mío, algo que muchas veces había ignorado por causa de la prisa, y que siempre estuvo a mi alcance. 
 
Sin embargo, además de haber redescubierto a mis compañeros de trabajo, tuve la oportunidad de experimentar de nuevo la razón primordial por la cual entré a la medicina en primer lugar:  mis pacientes.  Durante ese día, gracias a la falta de la prisa y a la eficiencia impuesta por las computadoras, estuve al lado de la cama de cada uno de mis pacientes sin restricciones de tiempo, hablando con ellos, familiarizándome con ellos y con sus esposos y esposas y padres e hijos, escuchando sus problemas más a fondo, a veces entendiendo que la raíz de algunos de sus problemas no podían ser encontrados en pruebas de sangre, de orina, o en radiografías, sino que en angustias emocionales, en dudas e interrogativas.  De repente me encontré con una manera distinta de practicar la medicina, una que yo conocía instinctivamente, pero que por causa del peso impuesto por la eficiencia de las computadoras, yo había relegado a un segundo lugar en nombre de la rapidez.  De repente, e inesperadamente, me encontré siendo el médico que siempre había querido ser.  Fue entonces, en medio del tráfico de la tarde, que tuve la oportunidad de saborear una pizca de lo que a lo mejor es la iluminación.  Sentí el caos hasta el tuétano de mis huesos.
 
El resto de ese día no sucedió nada más memorable.  Recuerdo que manejando el carro de vuelta a mi casa que también le atribuí a mi sigilo la mezcla de luces rojas y verdes durante el tráfico de la mañana de camino al trabajo, pues a fin de cuentas, de todas maneras llegué a tiempo al trabajo, sin obstáculos.  También le atribuí a mi sigilo el hecho de que pude salir exactamente a las tres de la tarde ese día sin obstáculos, pues en general, la mayoría de las veces salía tarde del trabajo, tratando de encontrar disposiciones para mis pacientes.
 
A fin de cuentas descubrí ese día por medio del sigilo que el efecto de la magia es real y es reproducible, aunque no totalmente predecible.  Al final, aunque lo que sucedió no era lo que yo esperaba, el efecto del sigilo me abrió los ojos a una realidad que había tomado por sentado dentro mi ambiente de trabajo, la cual no era nada más que una ilusión.  Por medio de mi sigilo descubrí que las computadoras, con todo y sus juegos y manipulaciones para hacer más y más dinero, nada tiene que ver con lo que de verdad importa.  La computadora, después de todo, terminó siendo el verdadero obstáculo entre las cosas que de verdad tienen valor:  la compasión, la comunicación, la amistad, la humanidad.
 

Desde ese día tan memoriable mi manera de practicar mi profesión ha cambiado significativamente.  La magia del caos me ha servido una y otra vez como herramienta para poder percibir la realidad por medio de verdades sutiles.  Este relato mágico contiene uno de esos ejemplos.

 

oversoul3.jpg


Entradas Similares


Hay 5 comentarios »



Comentario por Lhiannan Shee

December 11, 2005 @ 1:36 pm

Hermosa experiencia la que nos lleva a acercarnos a la gente con la que compartimos espacio físico a diario pero sin llegar a tratar con ellos.
También me recuerda que una de las primeras cosas que aprendí en el mundo de la magia fue la de definir con claridad los objetivos dejando el mínimo espacio posible a confusiones porque lo que pides se hará realidad, pero puede que no como esperabas.

Comentario por gapreg

February 13, 2006 @ 12:37 pm

Jeje a mí me pasa al contrario que al anterior comentario; yo intento dejar espacio posible a confusiones para que las cosas encuentren su propia manera de llevarse a cabo,… ¡es mucho más divertido así! Aunque estoy totalmente de acuerdo en aquello de, cuídate de lo que deseas, puesto que puede hacerse realidad y a veces eso es tremendo.

Y tras olvidar los sígiles, tratar de olvidar de qué trataba, que luego se pone uno zancadillas inadvertidamente y los desactiva si espera resultados,…

Comentario por XDRAGON

January 29, 2007 @ 12:27 pm

Es bueno poder comprender en medio de tantas variantes el significado del dia dia de cada uno de nosotros, xq a veces obviamos hechos pequeños y rutinarioa, pasando por encima de su esencia, , es decir vemos por encima… El relato de etanislao, me hace entender ahora mas, que el caos es el desorden y en medio de dicho desorden existe un patron… creo q por eso tal vez no debemos esperar q lo q deseamos se haga tal cual, pues si entendemos mas, sabremos buscar el buen resultado de nuestras intenciones en medio del desastre…

Comentario por Dodina

July 24, 2008 @ 6:54 pm

Mas una pregunta que un comentario. Por lo que leo, el sigilo lo tiene que fabricar uno, pero que pasa si yo estoy haciendo una serie de piezas en orfebrería que tienen como fin proteger o desear, y a las cuales, dependiendo de ellas, ya sea desear amor, dinero, salud, les pusiera grabado en la parte posterior un sigilo.
No quisiera hacer algo como charlataneria, pero si yo hiciera un sigilo con un bien por decir universal, es válido?

Comentario por Estanislao de Mediolao

July 25, 2008 @ 9:24 am

Es valido….

RSS feed para los comentarios en este post. TrackBack URI

Deja tu opinion!

Escritos Anteriores

Estanislao de Mediolao, monje budista

Aquí en el internet bajo el pseudónimo de Estanislao de Mediolao soy un mago amateur, tratando de compartir mis experiencias dentro del sendero del adepto de las ciencias ocultas.  Por medio del portal y del foro ...

Árbol de la vida y los pentagramas recto e invertido.

Estas últimas semanas he estado interiorizándome en la Kabbalah y el Hermetismo; hoy le dediqué toda una mañana a anotar unos apuntes y a meditar sobre el tema; en una de las cavilaciones recordé el pentagrama que representa el número 5 y en el cual puede superponerse la figura ...

Otras maneras de crear servidores

Espíritus elementales del agua:  Ondinas Como ya sabemos en la magia del caos los Servidores o Golem son muy famosos y su uso bastante frecuente. Entonces se me ocurrió agregar a nuestro paradigma caote mas formas de crear seres que ...

La Radiónica, Parte 2

En el articulo anterior explicamos la diferencia entre los distintos tipos de energía, el DOR, POR Y OR. En este artículo trataremos exclusivamente la fabricación de un generador de Orgones. Si bien ...

La princesa y el vagabundo

Érase una vez, en una tierra muy lejana a la nuestra en el tiempo y en la distancia, un reino milenario regido por un viejo rey y su hija la princesa. Sus ...

La Radiónica

Magos enfocando la energía de vida ¡¡La Radiónica es Magia!! La energía de vida, ...