Golem Parte 3: Justiniano
Hoy se cumple un año desde que activé mi primer servidor. Para entonces llevaba poco menos de un año experimentando con conceptos de la magia del caos, particularmente usando sigilos y observando sus repercusiones en la forma de sincronicidades tomando lugar a mi alrrededor. En retrospectiva, mi experiencia con los sigilos había sido bastante satisfactoria, así que era todo cuestión de tiempo antes de que experimentara con cuestiones más complicadas dentro del ámbito mágico.
Hay un adagio que dice que la necesidad es la madre de la invención. En mi caso, más que necesidad, la desesperación fue lo que me llevó a ponerme a inventar. Resulta que para entonces ya yo llevaba trabajando seis años para la misma compañía, una compañía compuesta de dos dueños y 20 empleados. Una de las cosas que me convenció a venir a trabajar a este pequeño pueblo en el sureste norteamericano, cuando terminé mi entrenamiento en Detroit en el 1998, fue las promesas de estos dos jefes sobre la posibilidad de partnership, o sea, ecualidad en términos de poder, de tomar decisiones y de hacer plata. Sin embargo, luego de seis años observando a estos dos cabrones convertirse en tiranos, imponiendo reglas y sanciones en contra mía y del resto de mis compañeros, y sin posibilidad alguna de obtener partnership, decidí aventurarme en los dominios nebulosos de la magia para tratar de crear cambio. Total, pensé entonces, no tenía nada que perder (primer error: asumir que no tendría nada que perder).
Así que, cansado de las cabronerías de mis dos jefes, y llegando a mi punto de ebullición personal, decidí construir un golem como el del rabí Judah Loew ben Bezalel, con el propósito de traer cambio. A principios de agosto del año pasado comencé a imaginarme al demonio que estaba a punto de crear. En mi mente, y siguiendo las instrucciones básicas de cómo construir un servidor, comencé a darle vida a mi creación, poco a poco, pensamiento a pensamiento.
Con el ojo de mi mente, me imaginé una entidad vestido de capucha al estilo de monje católico medieval, cubriéndole la cabeza. A mi demonio lo creé sin cara, pues simbólicamente, quería mantenerlo en el anonimato. También le proveí de alas, para que tuviera mobilidad hacia todos lados sin ningún tipo de impedimentos, y le dí una espada para que ejerciera justicia, aún a la fuerza si era necesario. Me imaginé cada detalle personal de esta entidad, su sed de justicia, su seca objetividad, su total abnegación por mi causa, su sentido cínico del humor. Fabriqué un sigilo representando su propósito, el cual terminé pintando en canvas usando pinturas de acrílico. Una vez lo creé en mi mente durante un proceso que me tardó como dos o tres semanas, procedí a darle forma, e hice una escultura de mi creación en arcilla. Entonces, cuando terminé todo este proceso de creación, le escarbé el sigilo de su propósito en su espalda, lo bauticé con el nombre de Justiniano, y esa misma noche hace un año atrás, decidí romper mi inercia, deshacerme de mi inquietud, y alimentar mi curiosidad, y decidí activarlo.
Esa noche alrrededor de la medianoche, luego de un breve ritual que me inventé, el cual incluía vino, velas, incienso y otras invergaduras mágicas, mi golem recibió el soplo de vida, y un propósito para vivir esa vida: que se deshiciera de mis jefes. (Ahora en retrospectiva, creo que hubiera sido mejor el haber sido un poco más específico con respecto al propósito, pues por causa de estas instrucciones ambiguas y generales que le impuse a mi golem, él terminó desencadenando el caos de una manera fría, objetiva y hasta calculada en mi lugar de trabajo).
Aunque me tomó par de días para percatarme de las acciones de mi servidor, Justiniano comenzó a trabajar en seguida. Esa noche en que Justiniano cobró vida fue el comienzo del fin para muchas cosas, no sólo para mis jefes, sino eventualmente para mí y para par de mis colegas.
Stay tuned…..
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Hay 8 comentarios »
Comentario por Estanislao de Mediolao
August 29, 2005 @ 4:42 pm
Jejejeje….
Ya muchos de ustedes saben que he estado desempleado por algún tiempo, aunque ya este jueves comienzo un nuevo empleo. El hecho de que terminé desempleado es el final más poético en el cuento este de mi Golem. Debí haberle prestado atención al cuento del majaral en detalle, y no creerme que nada de ese calibre me sucedería a mí….
Stay tuned…..
Pingback por El Monasterio: Ocultismo, Magia, Conspiración… » Golem parte 5: ¡Me cago en la ostia! ¡He creado a un demonio!
September 14, 2006 @ 11:04 am
[...] Por par de meses estuve fabricando un Golem. Dentro de mis pensamientos le dí forma a esta creación mía. Lo construí poco a poco, con un amor y una dedicación que sólo se le podría atribuir al amor que se le tiene a un hijo. Le dí características algunas humanas, algunas míticas. Le puse alas para que pudiera transportarse a cualquier sitio sin obstáculos. Le dí una espada para que trajera justicia (un símbolo tradicional dentro del tarot). Lo vestí con una capucha de monje, y lo dejé sin cara, para que siempre se mantuviera anónimo. Sin saberlo entonces, cada una de estas características de mi Golem tomarían lugar dentro de la realidad, de maneras sutiles y simbólicas, pero reales y contundentes al fin. [...]
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Comentario por Kaiser
August 29, 2005 @ 8:11 am
*Pegado como lapa al puto monitor esperando el próximo capítulo*…