El Hedor

Siempre he sido una persona bastante retraída, desde niña. Nunca consideré el poder tener algún don especial en mi vida, no era de las niñas que podía predecir cosas, ni mucho menos sentía afinidad por lo oculto. Sin embargo luego de un inesperado viaje de emergencia a la tierra de mis padres a causa de la enfermedad de mi abuela desperté de mí pequeño letargo.
Durante mi estancia muchas cosas no podían pasar desapercibidas, tal vez debido a la carga emocional que a todos nos embargaba, pero yo siempre estaba segura de que había algo más que no estaba basado sólo en celajes pendejos o juegos de la mente. En uno de esos días, como por arte de magía y como quien dice pa’ terminar de convercerme, ví la silueta de un hombre fornido, negro al igual que la noche, el cual desde lejos se me sonreía con malicía. Ciertamente lo más que me perturbó de aquella visión era lo repulsivo de aquel hombre y sobre todo aquel olor a podrido la noche en que se apareció. Ese hedor que sólo se quedó voyante en la casa durante los días en que mi abuela estuvo en cama. De más está decir que esa noche ví a la muerte y duré más de tres días durmiendo acompañada. La agonía de mi abuela en el hospital y luego su súbita muerte eventualmente desencadenaron una serie de sucesos en mí que más tarde terminarían por cambiar toda mi vida. No imaginaba que ahora me convertiría en una pobre infeliz atormetada por pal de almas realengas que habitaban sólo en mi cabeza, porque asi siempre me hicieron pensar.
Alucinaciones o no, la cuestión es que el hecho de tener el don de poder "ver más allá" de lo tangible se fue desarrollando de una manera muy acelerada, sin que pudiera tener algún control de las cosas a mi alrededor. Al principio y como toda cosa que nos produce temor a lo desconocido, a la desinformación, me negaba a creer, máxime por miedo a actuar ante los demás de manera irracional y poco lúcida. Así fue como eventualmente me resultó más fácil reprimir mi “talento” de manera de que nunca más volviese.
Luego de varios meses sin que pasara ninguna actividad "anormal", la cuestión llegó a mí de manera repentina y de la forma más, hmm, digamos cruel, con una compañera de estudios que se encontraba embarazada de gemelas con sólo cinco meses de gestación. El sueño de ella de siempre de querer convertise en madre a sus 23 años, la llevó a la búsqueda desesperada de poder caer preñá aparte porque así pensaba afianzar su estibilidad matrimonial luego de varios baches con otros cónyuges.
De manera que al cabo de unas semanas cada vez que ella se me acercaba expedía este único hedor y no al de gente en que la higiene es nula. Era un olor asfixiante que se intensificaba al pasar de los días más y más: era el vaho a muerto. Al parecer sólo a mí, y no a más nadie, parecía darme e inquietarme ese olor con el que sólo dos veces en mi vida me había topado. No la volví a ver a ella hasta varios meses después, cuando finalmente descubrí la razón de la peste. Sentí el mismo asco que tuve hacía varios meses atrás, sentí el mismo retortijón en la boca del estómago, y sentí de nuevo estar al borde del desquicie y del terror puro, cuando ella me comentó que había perdido su embarazo porque las había llevado muertas durante aquel tiempo en su vientre.
Ya han pasado años desde esas experiencias. Sin embargo, no hago más que recordarlo, y todavía es la hora que siento el hedor ese.
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Hay 3 comentarios »
Comentario por SPIDERWOMAN
September 2, 2005 @ 2:04 am
Está del carajo que esos “entes” nunca se manifiesten claramente y digan lo que quieren de uno. Es como soltarte en la arena y los leones vienen ahí mismo: uno se paraliza y quiere despertar de lo que parece ser un sueño.
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Comentario por Madre Pikmina
August 17, 2005 @ 9:38 am
Este escrito esta bien creepy. Que tengas la habilidad de sentir las esencias de esa manera, es una cosa increible. Si algun dia me vez, por favor no digas que apesto.