Archivo por: June, 2005
Yo soy producto del sistema de escuelas católicas, que por excelencia se reconoce por crear las mentes más disasociadas a esta religión. Años de miedos, castigos, reprimendas, y excusas vacías. Fue algo difícil denominarme católico al cumplir mi sentencia. Sin lugar a duda las doctrinas estaban tatuadas a mi sistema, pero eran seguidas de forma casí automática, sin pensarlas. Creo que la mejor forma de describirlo era como un zombí. Era católico porque sí. Porque mamá y papá lo son, porque así me enseñaron, porque es la única forma de ser. Inaudito.
Mi primer recuerdo de ese número es de hace mucho. Antes de tan siquiera dudar al temeroso guante de la Iglesia. Estaría yo en el séptimo u octavo grado. Pasaban una libreta para que todos firmaran. Por alguna extraña razón todos ponían un "número de la suerte" entre guiones debajo de esta. Es algo totalmente ridículo, pero bueno, también algunas modas. El caso es que debajo de mi firma, escribí el número 11. Sin razón alguna, simplemente me gustó la uniformidad repititiva del número.
Te apremian las ganas de cagar. Es el único pensamiento que se ha apoderado de tu mente y de tu cuerpo durante los últimos diez minutos. No sentiste los deseos de utilizar el baño durante las pasadas tres horas, pues estuviste en paz con tu cuerpo. Pero cuando te tomaste el cafecito caliente ese, con la dona glaceada de
Krispy Cream que te proveyeron los conferenciantes durante el
coffee break, de repente el reflejo
gastrocólico se despertó, dando a nacer
un tapón de las cinco en el culo tuyo. Ahora, después de salir de la sala conferencias, con el expreso propósito de sentarte a cagar en el inodoro de tu cuarto de hotel, esperas frente a la puerta del asensor, mientras aprietas el botón que se encuentra a tu mano derecha repetidamente, como si esta acción acelerara la llegada del vehículo.
Reconoces a otro participante de la misma conferencia ...
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Ismael Sánchez trató desesperadamente de recordarse de como y cuando había llegado a este lugar. Aún cuando el paisaje tan aterrorizante que le rodeaba parecía tan irreal como el de una pesadilla, Ismael no pudo sacudirse de la cabeza la horrible sensación de que siempre había estado en ese sitio. El tiempo aparentaba estar estancado, o aún peor ausente, y la familiaridad del ambiente que ahora le rodeaba confirmaba su opinión de que siempre había estado dentro de esta halucinación medieval. El paisaje a su alrrededor sólo podía compararse con las imágenes del
Infierno de Dante en la
Divina Comedia, o del
Infierno de Bosch en el
Jardín de las delicias. Un techo cavernoso, rojo, y cubierto de ectalactitas se extendía de un horizonte al otro, reemplazando al cielo azul que una vez conoció. Un terreno amarillento apestoso a ...
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La cabeza de San Juan Bautista con ángeles y amorcillo en duelo, del pintor Jan Mostaert del siglo XV.
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El recuerdo más remoto que John Baptiste tenía sobre su vida era probablemente aquella noche en la cual despertó gritando, cuando tenía como cuatro años de edad. Su madre entró a su habitación y se apresuró a abrazarlo. Como lo encontró tan perturbado y temblando de miedo, lo cargó a su propia cama y dejó que durmiera entre ella y su papá. Sin embargo, aunque John hallaba algo de seguridad y consuelo en el sonido tenue de la respiración de sus padres, nunca pudo restablecer el sueño esa ... Continúa leyendo.