Heimlich maneuver
El otro día vinieron a visitarnos unos amigos nuestros, los cuales conocemos desde hace algún tiempo, pues sus dos hijos van a la escuela con dos de nuestros hijos. Hace par de semanas atrás había hablado con él en una de las muchas actividades que tienen nuestros hijos, y le había comentado sobre los tostones pecaminosos que yo preparo. Aparentemente en uno de sus muchos viajes de negocios una vez probó los platanutres en Miami, y ahora, luego de mi descripción de mi obra epicúrea exquisita, Paul se había empeñado en que yo le preparara mi manjar frito en grasas saturadas. Fue así como terminaron en mi casa un domingo por la tarde.
Resulta que estábamos en la cocina, yo aplastando y friendo tostones, mientras saboreábamos par de copitas de Rioja y "picábamos" los tostones. Entre chiste y chiste me puse a chequear a Dawn, la esposa de Paul. Aún en sus cuarentas esta mujer tiene unas tetas recias y apetitosas, lo que me hizo desear intensamente por par de segundos el poder sentirle con mis manos tales protuberancias repletas de placer. Fue entonces cuando de repente la Dawn se ahogó con un tostón. Primero comenzó por hacer unos sonidos terribles, sonidos fácilmente distinguibles y que sólo le suceden a los que se ahogan con un pedazo de carne o de cualquier otra comida en la garganta. Entonces, dejó de hacer sonidos y se agarró la garganta, mientras su cara cambiaba de colores, todo en cuestión de segundos. Cuando puse mi copa de Rioja en la mesa, y miré hacia arriba, me dí cuenta que el pánico se había apoderado de mi esposa y de Paul: ambos se veían pálidos, congelados en un estado de incredulidad mientras la Dawn comenzaba a cambiar el color de su cara de un rojo encojonado, a un púrpura tenue. En seguida me apresuré, y como si hubiera sido reflejo automático de mis músculos, la agarré por detrás (sintiéndole las tetas, por supuesto), puse el puño cerrado de mi mano izquierda en su epigastrio (la boca del estómago), y con la otra mano sujeté mi puño y comencé a apretar rápida y fuertemente hacia adentro y hacia arriba, recreando el dichoso Heimlich maneuver. Al tercer impulso, el tostón salió volando. Fue entonces cuando me dí cuenta que ella me estaba tocando la mano, dejándome saber que ya estaba fuera de peligro. Cuando la oí respirando fue entonces cuando subsistí, y la dejé escapar de mi abrazo de oso.
La conversación por un rato tornó con respecto a la técnica de Heimlich, y de como yo hubiera tenido que hacerle una traqueostomía de emergencia con un cuchillo de cocina si la maniobra no hubiera funcionado. Al final, luego de más copas de Rioja, el incidente se convirtió de tragedia a chiste, y terminamos comiéndonos un racimo de plátanos entre risas y comentarios graciosos. Fue una buena visita, y todos la disfrutamos, aún con la ocurrencia del ahogo con el tostón. Al final, cuando era hora de que ellos se fueran, la Dawn se me acercó y me abrazó, diciendome al oído "Thanks for saving my life".
Lo más cabrón de todo este incidente fue que no sólo le toqué las tetas, sino que también le dí un buen chino, y al final, fui el héroe del día.
Como dicen los americanos, be careful what you wish for!
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Comentario por rata emo
March 26, 2008 @ 2:51 pm
me cojiiii a las puttas madres de los de monasterio.org !!!